Leche de soja, no porque tengas algo en contra de la
alimentación de origen animal, sino solamente porque la lactosa te mata por
dentro.
Verdura fresca, más bien poca, pero la suficiente. Ningún
capricho: ni yogures, ni salchichas, ni una triste loncha de jamón de york. Andas
corta de presupuesto de forma indefinida, lo típico de la vida de estudiante.
Una nota que dice “Compra huevos” que pusiste ahí hace dos
días y que sabes que hoy también ignorarás.
Había abierto la puerta del frigorífico en busca de algo con
lo que saciar esta sensación que no sé muy bien si es de hambre o de pura
ansiedad, y me he quedado un rato mirándola, como si fuese a aportarme un
conocimiento trascendental del universo.
Una frase ha venido con fuerza a mi mente.
“Somos lo que comemos”
No hay comentarios:
Publicar un comentario