La noche se volvió dulce, al son de las flautas ilustres, acunando la diversidad y la suavidad. El viento blandía con nerviosismo y entusiasmo la ligereza con la mano y hacía olas entre el espacio y el mar. El fuego avivaba las caras que en su contorno se encontraban contando historias, momentos inesperados. A lo lejos, la muchedumbre acampaba inconsciente acercándose al Beso, saliendo a aquel frío de muertos.
Mientras la madrugada se acercaba, la vida se hizo eco. Mientras castañeaba el suspiro, la memoria me devolvió el acto de sentir.- Escribí esto tras trasoñar en la penumbra casi exacta, de no ser por una pequeña lamparita que me reflejaba en esta tempestad de desilusiones
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