I.
Has quebrado el silencio con tu voz ausente. Se han desatado los hilos y han dejado caer todo el peso que aguantaban con un gran estruendo sobre nosotros. No ha quedado nada.
II.
Casi puedo ver de nuevo la oscuridad, ya no soportaba más que la noche no me abrazara ni que las estrellas me hicieran pensar sobre a qué constelación pertenecen, o si acaso las hemos agrupado mal todos estos años.
III.
Tanto tiempo bajo el peso de las cargas me tienen agarrotado. Me siento perdido, abandonado por mí mismo. Pero de alguna forma consigo convencerme de que puedo, debo y quiero hacerlo, así que lo intento a diario hasta que arrastrando el cuerpo lleno de magulladuras consigo salir. Ya ni recuerdo cómo se sentía la brisa, ni dónde he estado ni qué hay exactamente fuera.
IV.
Ya he salido y he perdido el cuerpo. Por más que mi cuerpo me busca no es capaz de dar conmigo. Nos separó una cuchilla afilada después de, ahora ya lo sé, de haber permanecido bajo los escombros que yo mismo produje al tropezarme.
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