No había nada que mereciese la pena ver en la tele. Tal vez por ello estaban charlando en el sofá, porque les seguía gustando hablar pese a llevar tantos años compartiendo piso. Una de las cosas buenas que tenían era que siempre había un tema de conversación nuevo, ya fuera uno u otro quien lo sacase.
Pero la conversación agradable y trivial se estaba transformando en una discusión cada vez más tensa.
- A ver, Ana, lo que pasa es que no entiendo por qué necesitas tantos nombres para algo como los colores -dijo el muchacho, que se había levantado del sofá y la miraba de pie, dando algún que otro paso hacia los lados del salón como hacía cada vez que una conversación le irritaba.
- Es que veo todos esos colores, y si veo cosas diferentes deberían tener
nombres diferentes, ¿no crees?
- Pero lingüísticamente es inútil, no hay diferencia para el receptor de tu mensaje entre decir amarillo oro o amarillo limón, por ejemplo.
"Ya estamos con la vena de filólogo con conocimiento absoluto. Vaya humos para haber acabado ahora la carrera. Miedo me da cuando llegue a catedrático". Ana suspiró, intentando con todas sus fuerzas que su tono fuese amable, algo que sólo consiguió a medias.
- ¿Y si no lo digo con palabras, cómo manifiesto que son
diferentes? El otro no captaría esa singularidad, se perderían detalles en el mensaje.
Miguel calló un par de segundos, ante lo que ella sonrió, satisfecha por haberle dejado sin argumentos. Su sonrisa fue poco duradera.
- Prueba a señalar el color, me parece que resultará bastante efectivo -respondió él con tono condescendiente.
Aquello acabó con su amabilidad de inmediato. Se levantó de golpe y soltó un bufido mientras le dedicaba una mirada furibunda, tanto por el tono como por decir semejante estupidez. Pero él la ignoró y siguió hablando, prácticamente sin mirarla, como si su opinión le importase menos que la del cuadro de girasoles que se había detenido a contemplar en la pared.
- Nunca entenderé esa estúpida necesidad que tenéis las mujeres de la
existencia de colores como el blanco roto, el nácar o el rosa palo para que vuestro mundo tenga sentido -soltó una carcajada.- ¿Y a todo esto, por cierto, qué porras es el rosa palo? -preguntó, girándose para escuchar su respuesta.
- Esto -dijo ella, golpeándole la cabeza repetidas veces con
el bate de béisbol que había cogido del expositor de la pared, mostrando al agónico Miguel cómo los restos rosados de sus sesos cubrían la madera clara.
______________________________________________
- Are you an idiot?
- No sir, I'm a dreamer.
____________________________________________________________________________________
____________________________________________________________________________________
No hay comentarios:
Publicar un comentario